QUE NO PIERDAS, NI TU SAL NI TU LUZ
- Feb 6
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Paz y bien hermanos
Cuando alguien sufre por el mal que le fue hecho, tiene dos cargas muy pesadas. Una la del dolor y otra la del perdón. La primera deja cicatrices si llega a sanar, la segunda deja paz si se llega a perdonar. De lo contrario, del dolor se harán llagas profundas que como la lepra a la persona la devoraran y su vida perderá poco a poco su sabor, su esencia, su humanidad. Y, construirá un muro que irá robando la luz, la esperanza, la fuerza, sepultando en vida a quien no perdona, ¿Tienes recuerdos de tu niñez que te duelen todavía? ¿Hay oscuridad en tus pensamientos causados por la carga del dolor y los recuerdos? ¿Oprimes, acusas o calumnias a alguien?
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”.
Que no pierdas la sal que te sana de las penas y te fortalece en la vida. Que no se apague la luz que fue dada para tu guía personal y para que ayudes a otros a encontrar su camino.
Que tu oración te conduzca a sendas de piedad, de perdón, de misericordia, de reconciliación y de bendición. Y que ella ayude al afligido a levantarse de nuevo y encontrar su senda de luz y salvación.
Que la palabra de Dios, agregue sal a tu vida para que conduzcas a otros hacia el amor y la oración. Que agregue luz a tu mente y corazón y te conduzca a la misión que Dios ha preparado para tu vida y puedas dar testimonio de su gracia con tus actos.
Bendiciones.
Mateo (5,13-16)











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