EL TREN DE LA FE
- Jan 18
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Paz y bien hermanos
Para saber si un tren se aproxima, solo hay que poner el oído sobre la carrilera. El toctoc toctoc.toctoc percibido por el oído indica que viene uno, y su intensidad dice que tan lejos. La mano también percibe la vibración del riel cuando está ya muy cerca. Y cuando ya se divisa su chimenea humeante es porque ya está a segundos de distancia. Su pito sonoro y audaz que cala los huesos es evidencia real de lo anunciado. De igual manera hay mensajes que aunque no se ven van dando señales y cada una es como un vagón que cuando llega y pasa, te puede sacudir o te puede impresionar de su realidad.
Así deberían de ser estas palabras de Isaías: “Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. ¿Qué te anuncian y que crees que veras? ¿Ha que te invitan y para cuándo?”. Porque si cada persona es luz y es vagón y esa luz revela que eres salvo, entonces esa luz remota emitirá señales que llegaran a cualquier lugar del mundo como una antorcha olímpica pasada de una mano a otra, de un vagón a otro, con el ejemplo, con la verdad, con el amor, con la honestidad, con la integridad.
Así mismo, como ese tren que lleva un mensaje a través de sus rieles aunque no este visible, son estas palabras:
“Y Juan dio testimonio diciendo:«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
¿Eres un vagón que transporta luz y vida en tus acciones, pensamientos y palabras? ¿Qué Transportas y transmites?
Que tu oración lleve como un tren las peticiones, las necesidades, la vida de muchos, e interceda por ellos y tu familia.
Que la palabra de Dios sea ese tren que te lleve a muchas estaciones donde debas detener tu tren de la fe para quedarte, vivir y experimentar la presencia de Dios, antes de seguir tu marcha por el camino que conduce a Él, de la mano de Jesús y empujado por la fuerza del Espíritu Santo..
Bendiciones.
Juan (1,29-34)











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